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Hassan Echair

25/07/2015 - 26/09/2015
Pintar en blanco y negro.
Pintar en blanco y negro es un gesto radical que arroja a la pintura a los extremos de luz cegadora y de impenetrable obscuridad en los que la paleta inagotable de sus colores se anula. Lo sabía Kasimir Malevic cuando pintó el Cuadrado blanco sobre blanco y el cuadrado negro sobre blanco, interpretados en su día por Nikolai Tarabukin como << el canto de cisne >> de la pintura, que moría entonando el más intenso e inaudito de sus cantos. El canto que no han cesado de cantar los pintores del blanco y negro que desafían los límites de la pintura no para condenarla y sepultarla definitivamente, como pretendía Tarabukin, sino, por el contrario, para concederle una nueva vida, renovando su condición de membrana ingrávida y singularmente sensible a los estados de alma y a las modulaciones del espíritu.
Entre ellos está Hassan Echair, pintor tetuaní, que ha dedicado su arte a neutralizar la cortante oposición que separa al blanco del negro mediante un juego infinito de matices y gradaciones del gris y de unos azules siempre al borde de la evaporación. Y ha sido tal la fortaleza ganada por su pintura en estos juegos sutiles que ella puede incorporar cuerdas, leños y piedras sin que estos chirríen ni ella se desfonde. En sus cuadros, ensamblajes e instalaciones estos objetos cotidianos dejan de serlo y se convierten en tropos y en metáforas visuales dotados de una fascinante capacidad para suscitar evocaciones y nostalgias y para estimular la invención de fábulas y leyendas. Como las que creen descubrir en las obras de Echair los testimonios incontrovertibles de un nómada o de un argonauta hecho al silencio y a la soledad que dictan las largas travesías por el mar o por su doble, el desierto, realizadas bajo el negro sol de la melancolía. Lo paradójico, lo enigmático en realidad, es que quien da pie con sus cuadros a tantas y tan distintas asociaciones con la fluido y lo fugitivo de la condición humana, con su temporalidad irremediable, es en realidad un viajero inmóvil, que encerrado en su estudio realiza cada día los viajes más audaces a los remotos confines de la pintura.
Carlos Jiménez.
Tetuán, verano del 2015.
S/T
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Hassan